¡Maestra y Maestro recibe un saludo tradicional!
Es un hecho que la muerte existe. Nadie lo ha comprobado, pero existe. Por otra parte, nadie quiere pensar en la propia muerte; es más, en muchas comunidades y culturas contemporáneas, muerte casi resulta una mala palabra.
En México, por el contrario, se tiene un sentimiento muy especial de este fenómeno natural que es la muerte y del dolor que produce en los que quedan vivos. A final de cuentas, la muerte es el fin inevitable de un proceso natural.
Pero, una vez que se ha muerto, ¿qué pasa? Al muerto no se le puede olvidar. ¿Y qué mejor que el muerto regrese? Entonces, vida y muerte no son más que etapas de un mismo estadio vital, en el sentido de la presencia en este mundo.
Así, en México la muerte deja de ser terrible y se vuelva jocosa, irónica, alegre y se le habla de tú. Es más, a la muerte se personifica como “la calaca”, “la huesuda”, “la flaca”, cultamente “la parca”, “la catrina”…como se dice por ahí, uno puede morirse o “petatearse” o “estirar la pata”, “pelarse”, “palmarla”, o modernamente, hasta “colgar los tenis”.
Tenemos, como parte central de la celebración del Día de Muertos, el Altar de Muertos, la ofrenda. Entonces, cuando se hace se está manteniendo una tradición y esta tradición tiene rasgos que nos dan identidad.
¿Cómo es un Altar de Muertos?
Un Altar de Muertos es la forma en la cual se recuerda al muerto y se crea esta idea del regreso. Entonces, se va a tener alfarería, barro de Metepec, barro negro, candelabros, jarras y vasos pintados, agua de colores y, desdeluego, flores: las siempre vivas multicolores, la cresta de gallo roja, las gladiolas, esos aromáticos nardos, la nube y, desde luego, el cempasúchil amarillo, la flor del Día de Muertos.
En el Altar de Muertos también van a aparecer las calaveras de azúcar con el nombre, veladoras, imágenes de santos, cirios, papel de china picado y la ceniza, porque a final de cuentas no nos olvidemos que “polvo eres y en polvo te convertirás”, “cómo me ves, te verás y como te ves me vi”. Así podría decir cualquier calavera de Día de Muertos.
¿Cómo se celebra esta fiesta con esta ofrenda de muertos?
En algunos lugares, por ejemplo en Mixquic, lugar característico por su celebración del Día de Muertos, es desde el día 27 de octubre, que es cuando se limpian las casas y el 28 de octubre llegan las almas que están en el limbo; el 30 de octubre es cuando se empieza a montar la ofrenda y el 31 de octubre llegan los angelitos, que son el alma de los niños difuntos.
El 1 de noviembre los angelitos disfrutan del desayuno y se marchan a las 12:00 para dejar lugar a la fiesta de los muertos grandes. El 2 de noviembre se adornan las tumbas y el 3 de noviembre los amigos, parientes eran invitados a “levantar el muerto”, esto es, consumir la comida ofrecida en el altar de muertos, y los niños de la casa estaban encargados de llevar parte de esta comida, cubierta tradicionalmente con servilletas bordadas, a sus padrinos.
¿Qué es lo que tenemos en esta fiesta?
Indudablemente hay un componente prehispánico; hay el concepto del viaje al inframundo, la presencia de vasos, ollas, adornos y eran ritos relacionados con lo que era la presencia del trasmundo en el mundo. Pero también está la herencia virreinal, que partía de la presencia del mundo medieval.
En España se acostumbraba también celebrar la comida al año de la muerte o había panes especiales, como los “huesos de santo”.
En realidad la fiesta, desde la perspectiva cristiana, se inicia en el siglo X, XI, y se inicia con Odilon de Cluny, que ordena que se recuerde a los fieles difuntos. Donde adquiere sus rasgos más característicos la fiesta es en realidad en el siglo XIX, donde se desarrollan los dulces típicos de azúcar, muertos de mazapán e incluso la costumbre que tenían en las casas de dar a los empleados “la calavera”, que era el dinero con motivo de la fiesta.
Durante esta época empiezan a manejarse en los periódicos, en la prensa, la imagen de la muerte. Y en este sentido es fundamental la configuración que logra el grabador José Guadalupe Posada, quien trabajaba para la imprenta de Vanegas Arroyo en publicaciones de hojas sueltas, cuadernillos con corridos, canciones o incluso obras de teatro; era lo que hoy definimos como “prensa popular”.
Y Guadalupe Posada crea la imagen de la “Calavera catrina”. Originalmente no era más que la “calavera garbancera” o sea “la que quería ser y no era”. Y esta imagen de la calavera catrina trasciende en el arte cuando la retoma Diego Rivera en su famoso mural “Domingo en la Alameda”.
Y así, la fiesta de la ofrenda de muertos con el altar y todo su valor ritual deriva a una fiesta de profundo contenido artístico en el cual la ritualización puede perderse. Pero, a final de cuentas, es una fiesta... y a final del camino, ¿quién no quiere estar de fiesta?

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